“El
hombre sabio se encarga de mantener el orden, en vez de corregir el desorden.
Intentar curar una enfermedad cuando aparece, es como ponerse a cavar un pozo
cuando ya se está sediento, o como ponerse a forjar las espadas cuando la
guerra ya ha empezado”.
Huang-Di
La llamada “sociedad del confort” que ahora está en crisis,
nos ha acostumbrado a convivir con una serie de patologías que, de tanto estar
omnipresentes, han llegado a parecernos naturales; algo así como si formasen parte del aire que respiramos
o de la sombra que nos acompaña en nuestro transitar por la vida. En este caso,
me refiero a la ansiedad, el estrés y la depresión. Hoy quiero centrarme en la
primera de ellas: la ansiedad.
Ansiedad, de la raíz indogermánica “angh”, significa
estrechez, constricción, malestar, apuro. Es una reacción emocional normal, una
respuesta de activación y alerta del organismo que se experimenta en
situaciones que se perciben como amenazadoras y potencialmente peligrosas. El
problema es que cuando alcanza niveles excepcionalmente altos, deja de ser
normal y `pasa a ser patológica.
Vamos a ver cómo se plantearía este problema desde la
medicina occidental, la oriental y la filosofía.


