“No estás deprimido, estás distraído…”
Facundo Cabral.
La
depresión es el más común de los trastornos del estado de ánimo. Se caracteriza
por: tristeza, anhedonia (incapacidad para sentir placer), inquietud o
enlentecimiento objetivables, fatiga, modificaciones del peso, del sueño,
sentimientos de inutilidad o culpa excesivos, disminución de la capacidad de
concentración, baja autoestima, un gran pesimismo con respecto a los acontecimientos propios, al entorno, al
futuro..., pensamientos recurrentes de muerte... Aunque es frecuente hacerlo,
no debería confundirse con un estado transitorio de tristeza, reacciones de
duelo por pérdidas familiares, trastornos de ajuste y adaptación (por mudanzas,
pérdida del empleo, accidentes,...), etc.
No
es mi intención en este artículo adentrarme en los aspectos psicológicos y
filosóficos de la depresión, aunque sí quiero dejar claro mi criterio al
respecto de la importancia de un estilo de vida adecuado para poder enfrentar
con éxito los problemas que temprano o tarde llegan. Considero vital hacer una
prevención activa contra ésta, la que a mi modesto juicio pasa por colocar
correctamente ciertos aspectos como: quién soy, la vida, la muerte, a dónde me
dirijo, cómo me relaciono conmigo y con los demás, qué aporto, qué depende y
qué no depende de mí, ¿hago todo lo que depende de mí?, cuáles son mis
expectativas, ¿son realistas?, ¿estoy situada correctamente con respecto a
ellas?... Por supuesto, como ya podrá esperar el lector habitual y saben muy
bien los que me conocen, confiero una gran importancia a la alimentación, al ejercicio
físico (el que es “mi inseparable compañero”, el que no me falla en los
momentos en los que la vida parece empeñarse en ir cuesta arriba); y más
recientemente a la práctica del Qi Gong, el control de la respiración, la
Meditación,...