“El
hombre sabio se encarga de mantener el orden, en vez de corregir el desorden.
Intentar curar una enfermedad cuando aparece, es como ponerse a cavar un pozo
cuando ya se está sediento, o como ponerse a forjar las espadas cuando la
guerra ya ha empezado”.
Huang-Di
La llamada “sociedad del confort” que ahora está en crisis,
nos ha acostumbrado a convivir con una serie de patologías que, de tanto estar
omnipresentes, han llegado a parecernos naturales; algo así como si formasen parte del aire que respiramos
o de la sombra que nos acompaña en nuestro transitar por la vida. En este caso,
me refiero a la ansiedad, el estrés y la depresión. Hoy quiero centrarme en la
primera de ellas: la ansiedad.
Ansiedad, de la raíz indogermánica “angh”, significa
estrechez, constricción, malestar, apuro. Es una reacción emocional normal, una
respuesta de activación y alerta del organismo que se experimenta en
situaciones que se perciben como amenazadoras y potencialmente peligrosas. El
problema es que cuando alcanza niveles excepcionalmente altos, deja de ser
normal y `pasa a ser patológica.
Vamos a ver cómo se plantearía este problema desde la
medicina occidental, la oriental y la filosofía.
Medicina occidental
Los ataques de ansiedad (en psiquiatría los llaman “ataques
de pánico”) producen, en aquellos que los padecen, la impresión de que van a tener
un infarto, a causa de sus impresionantes manifestaciones físicas. El cerebro
límbico toma repentinamente el control de todas las funciones del cuerpo: el
corazón late a toda velocidad, el estómago se anuda, manos y piernas tiemblan,
el sudor perla todo el cuerpo. Al mismo tiempo, las funciones cognitivas son
aniquiladas por la subida de adrenalina. El cerebro cognitivo no percibirá un
estado de alarma tal, pues permanecerá “desconectado” por ésta, siendo incapaz
de organizar una respuesta coherente frente a la situación. Desde esta óptica,
se constata que el modelo actual de vida del ser humano está descompensando el
equilibrio entre el sistema simpático (el acelerador) y el parasimpático (el
freno); siendo este último cada vez más incapaz de restaurar la armonía
necesaria para el buen funcionamiento de nuestro cuerpo. La solución pasaría
por potenciar el sistema parasimpático mediante la correspondiente medicación,
o mejor aun a través de la alimentación, el ejercicio y la modificación de
nuestros hábitos y costumbres por otros “más naturales”.
Medicina Tradicional China
La M.T.Ch. considera que la salud, entendida como
equilibrio entre el yin y el yang, se va a ver seriamente afectada por el mundo
emocional. En la Teoría de los Cinco Elementos se explica como cada uno de
ellos tiene su propia perturbación. Para la Madera, la ira y la depresión; para
el Fuego, la alegría excesiva; la preocupación (véase nuestro artículo de “El Poder
del Pensamiento”) para la Tierra, la tristeza para el Metal y el Miedo para el
agua. Cada afección perturba a su manera la circulación energética de nuestro
cuerpo. En lo que respecta al miedo, por ejemplo, la energía se hundiría
escapándose “por abajo”; no en vano se dice que “el miedo paraliza”. La
solución consistiría en actuar, mediante acupuntura por ejemplo, sobre aquellos
puntos (en el meridiano de corazón hay varios) que eliminarían los
estancamientos energéticos indeseados. La práctica de técnicas milenarias como
el Chi-kung y el Tai-Chi también ayudaría a resolver el problema.

Hagamos pues un esfuerzo de voluntad para vigilarnos y
evitar que esta lacra de nuestra época invada nuestro interior. La ansiedad es
una de las grandes causas generadoras de fracasos. Como dijo el gran Horacio: Carpe Diem; aprovecha el día, vívelo
como si fuese el último.
Manuel Ures. Ldo. en Filosofía.
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